Bio

“Pop lúdico y electrónica emocional son los fenómenos atmosféricos provocados por la“Ciclogénesis” de Estenopeica” (Mondosonoro)

Estenopeica nace en 2012, de la mano de Sara y Nanet, con el objetivo de dar rienda suelta a la inquietud y pasión por la música cultivada desde temprana edad mediante formación clásica. Lo que en un principio fue una evasión del día a día tocando y reinterpretando temas de otras bandas, se convirtió en la necesidad de crear algo propio y expresar sus emociones.

Desde sus primeras composiciones hasta la edición de su primer EP, bajo la producción de Pachi García “Alis” han experimentado una evolución a nivel compositivo y artístico, encontrando un sonido con el que se sienten plenamente identificados.

En Noviembre de 2015 estrenan su primer EP “Estados de Equilibrio”.

 

Vuelta a los colores

 

Mi querido y admirado Jesús Ordovás, padrino de La Movida madrileña, me contaba hace poco sus sensaciones sobre el nuevo pop español: «Hace falta sentido del humor». Apreciación que ambos compartimos. La Movida se consume ahora, treinta y pico años después, entre la explotación inmisericorde, su museificación y también, ay, los tozudos intentos de desmitificarla. Debates al margen, La Movida dejó una herencia inexorable: las canciones. Canciones para reír y canciones para llorar. Tragedia y sorna. Como en el teatro griego. El poder de la música pop radica, precisamente, en esa capacidad inmediata de subyugación. Tu vida en una viñeta. En una melodía adhesiva. En un estribillo tarareado —queriendo o sin querer— en la ducha o en la moto.

Todo esto viene a cuento porque la pareja granadina que responde al nombre de Estenopeica publica, después de tres años de lenta gestación, su debut discográfico. Un EP —Estados de equilibrio— con cinco canciones en el que lo que destaca es eso y sólo eso: la canción. La canción pop, en términos genéricos. Pop sintético, colorista y emocional, por precisar algo. Ocurre que, además, Nanet Navarro y Sara Quirós se reconocen en la actitud de aquellos divertidos diletantes de La Movida. Y guardan ciertas semejanzas: como Siniestro Total, ambos son músicos de formación académica, pero pretenden que no se note. Es más, estas composiciones nacieron en casa con la premisa audaz de sostenerse con tres instrumentos. Si la canción es buena, se mantiene en pie. Así esbozaron casi medio centenar. Razón de más para valorar la criba. Estados de equilibrio no es, por tanto, una mera tarjeta de presentación o un asomar la patita. En cierto modo, se trata de un grandes éxitos de su travesía silenciosa. En estas cinco canciones brilla una ilusión contagiosa y las ráfagas de talento de quien lleva un par de décadas merodeando por las ondas del universo musical. Un pequeño disco cuyo virtuosismo reside en los arreglos, en la vitamina y en las palabras.

Tampoco caigamos en la trampa de reducir a Estenopeica al simple revival del pop de los ochenta. ¿Matices? Muchísimos. El dúo suena a hoy. A aquí y ahora. Huyen de la aburrida dinámica del grupo-clon. ¿Pistas? Se identifican con el formato reducido de los australianos Lovers Electric, otro matrimonio creativamente avenido (Estenopeica piensan añadir un guitarrista para los directos). Del mismo modo, guiñan un ojo al espíritu activo de Neuman. Su productor, el prestigioso Pachi García “Alis”, les comentaba durante la grabación que percibía evocaciones de Dorian.

“Alis” representa una tercera pata de la mesa. El productor baezano se ha implicado emocionalmente con Estenopeica. Un proceso de trabajo tan cálido como la voz de Sara. Porque ellos conciben esta aventura así, sin eslabones fríos. Nanet se había bregado en bandas como Un Ruido Llamado Ángel o Ginah Brand. Sara, que en los últimos tiempos ha recibido clases de canto, opta por la meditación para encontrar espacios y rematar las melodías vocales y las letras.

Y de esa forma perfilan este lugar confortable en el que ahora te encuentras. Basta una sola escucha de Grito, el single de adelanto —magistralmente trasladado al videoclip de la mano de Óscar Aguilera—, para entrar de lleno en el club de Estenopeica. Ritmo. Ritmo enfermizo. Desgaste inevitable de suela. Estribillos eufóricos. Y la hermosa voz de Sara. Y esa atmósfera tan adictiva, tan de terapia natural. Y entonces es cuando uno se da cuenta de que poco importa que atravieses la noche más triste de tu vida o que se haya montado la mejor fiesta de la ciudad. Las canciones de Estenopeica te removerán el corazón y las piernas. Sucede lo mismo con la secuencia chispeante de Poliandria, con la melancolía en tecnicolor de Perdida, con el relato mordaz —¿Isaac Asimov por el filtro de Radio Futura? — de Niño Robot o, más allá, la bellísima odisea espacial de Amor plutónico, donde se adivinan, a lo lejos, a Bowie y a los Beatles.

Entre tanto, resulta motivador saber que Estenopeica —según la Wikipedia, la técnica para obtener fotografías y negativos sin apenas equipo— se adaptarán a las apariciones en bares, librerías e incluso a la carta desde el sofá del salón vía YouTube.

EDUARDO TÉBAR (Efe Eme, Mondo Sonoro, Vocento/Ideal)

 

 

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